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miércoles, 23 de enero de 2013

Capitulo Dos - Una Revelación


Capitulo Dos


Por supuesto que Drake no le creia al tal Albert Dartuk, era un completo desconocido  y algo que había aprendido viviendo en las calles de Laria es nunca confiar en alguien mayor que tu, pero algo no andaba bien con todo esto, y ¿si decía la verdad? Si en verdad tenia potencial mágico  seria una la oportunidad mas grande de su vida, pero como podría saber si en verdad era cierto, pasaron horas antes de que Drake se le ocurriera como confirmar si tenia potencial mágico  tendría que ir a ver a Becktor Sorn, el único sanador en el que podía confiar Drake, Bector era un anciano simpático  según muchos decían era un lunático  pero a Drake le agradaba, si no hubiese sido por el probablemente Drake habría muerto, Becktor fue quien lo encontró recién nacido a las afueras de la ciudad, era el único adulto que le debía algo, la casa de Becktor estaba en la zona media de Laria, básicamente la frontera entre los nobles y el resto de la gente, Drake tendría que apresurarse antes de que los guardias de la frontera interior hiciesen su ronda, cuando llego a la casa de Becktor, ya debería ser la hora de los ladrones, sin duda una excelente hora para conseguir algunas “donaciones”, pero hoy no, tenia que saber si en verdad tendía cualidades mágicas  Drake comenzó a tocar la puerta muy fuerte, pero de la misma forma que Becktor le enseño que tocara si tenia alguna urgencia, tres toques después uno y tres mas.
- ¡¡Ya va!! ¡Dije que ya va! Cielos Drake, se puede saber ¿que te urge tanto? Estaba a punto de echarme a dormir, mas te vale que sea importante.
- Lo es, Beck, lo es para mi, me dejas pasar o ya no soy bienvenido en tu casa.
-¿Eh? ¡Oh!, claro pasa – Drake se sentó en una vieja silla de madera en la sala de estar de Becktor – Y ¿cual es la urgencia? No te veo mal herido ni nada.
-Es una urgencia, Becktor – Drake inspiro hondo – ¿Porque nunca me dijiste que también puedo hacer magia? – Becktor estaba paralizado, no podía ni hablar.
- ¿Quien... Quien te dijo eso?
- Un tipo raro que me sorprendió tratando de robarle su comida, al parecer es mago, se llama Albert Dartuk.

Hacían años que Becktor no oía ese nombre, ¿cuanto habrá pasado, veinte años, treinta? Aun así demasiados pocos, Becktor se dejo caer en un mullido sillón de tela frente a la chimenea. Drake se quedo estupefacto, por la reacción de Beck sin duda había dado en el clavo, pero también se dio cuenta que le trajo malos recuerdos.
- Entonces... Es cierto, soy mago, ¿Por que? ¿Porque nunca me dijiste nada?
- ¿Porque? Buena pregunta, te podría contestar de mil maneras pero creo que sera mejor que te diga la mas sencilla, para protegerte.
- ¡¿Para protegerme?! ¡Ja! Si claro, y de que se supone que me protegías, ¿De no ser alguien? Baya estupidez la tuya.
- De la magia, créeme Drake no hay nada mas peligroso que la magia, no porque no sea buena, sino porque si abusas de ella, nadie te salvara, es una gran tentación saber que puedes hacer casi cualquier cosa, pero dime ¿Crees que puedes manejar lo?
- Claro... que no puedo, ¿Como crees que me siento? Me mentiste, pudiste  decírmelo, quiero decir eres mago también, un sanador, pero aun así un mago, podrías haberme enseñado, !no hubiese tenido que unirme a la cofradía para vivir!
- Drake... – Drake no dejo terminar a Becktor.
- No, ¡No digas mi nombre! Para ti estoy muerto, ¡Muerto!

Drake salio corriendo a la oscuridad de la noche, con su cara cubierta con lagrimas, no quería detenerse, solo correr y seguir corriendo.

miércoles, 16 de enero de 2013

Capitulo 1 - Un tipo raro

Capitulo 1

Era una noche fría, yo diría que gélida, donde una sombra caminaba sin compañía por un callejón en el lado este de Laria, la ciudad más grande del Reino de Kriantus, esa sombra caminaba despreocupada de los peligros a los que podría caer, pero al parecer si los conocía bien, pues justo cuando paso debajo de un farol que iluminaba la calle, se mostró su rostro, era Drake, o como lo llamaban en la cofradía, “el pequeño genio”, pues eso era, pero el muy pillo se hacía pasar por idiota para que no le dieran una tunda por “sentirse superior a los otros”, ¿Cómo podía sentirse superior, si estaba en una de la parte más baja de la jerarquía, si es que había, de la cofradía Los Aulladores?, era solo un niño de diez años, casi once, si lograba sobrevivir los próximos tres días, el niño era un tanto bajito, tenía unos ojos verdes oscuros y penetrantes, que de seguro eran la envidia de algunos, tenía el cabello grasiento, y sus ropas, si se les podía llamar así, no eran más que harapos, estaban desgarradas y se diría que pútridas, si el niño hubiera tenido mejor suerte al nacer, tal vez habría sido algún rompecorazones, pues el pequeño era todo un guapuras.
Drake se dirigía a su lugar de trabajo favorito, La Grulla de Plata, era un bar cualquiera, pero allí se reunían la peor calaña de la ciudad, lo que significaba dinero, con algo de suerte conseguiría unas pocas monedas, y si de verdad la suerte le sonreía esa noche, hasta un krian de oro. Al llegar, Drake haría su mejor artimaña para pasar sin llamar la más mínima pisca de atención, y eso fue lo que hizo, como era costumbre había una pelea llevándose a cabo, y como siempre Drake recogería las monedas regadas en el piso, robaría la comida que dejaban desprotegida los espectadores de la pelea, y su parte favorita, escupiría en la cerveza de todos, cosa que le causaba mucha risa, Drake estuvo de suerte esa noche, recogió trece krian de cobre y dos krian de plata, ahora podría gozar de la noche, al acabar la pelea, de inmediato, di paso a otra, Drake ya no tenía por qué robar esa noche, pues había acumulado el peaje de la cofradía y le sobraba para darse el lujo de comer decentemente esa semana, lo que si no pudo soportar, fue la tentación de conseguir más comida, a su vista había un trozo de carne, que se veía realmente suculenta, Drake se acercó sigilosamente a la mesa, procurando de que no le viesen o hacer ruido, al estirar el brazo para recoger su presea, una mano lo detuvo, a Drake casi le da un infarto, trato de zafarse con todas sus fuerzas, ¿Pero qué fuerzas podía tener aquel niño que solo había comido pan aquel mes?, pero fue inútil, de pronto unos ojos marrones lo vieron, esos ojos no eran normales, Drake sentía que podían quitarle su alma, cerró los ojos para evitarlo, cuando de pronto se oyó – Oye niñato, sería más fácil si la pidieses amablemente – Drake, abrió los ojos al oír lo que aquel sujeto le había dicho, nunca creyó que aquel sujeto lo estaba mirando – ¡Oye! ¿Lo vas a pedir amablemente o tendré que entregarte a aquellos? ¿Eh? – es sujeto raro señalaba a los tipos que aún seguían peleándose, Drake sabía que si no quería que le quitasen lo que había “encontrado” y además que le diesen una buena tunda sería mejor hacerle caso a aquel sujeto.
-Bueno, ¿Puede convidarme de su comida mi señor? – diciéndolo a regañadientes.
-¡Claro! No faltaba más, adelante siéntate y disfruta, niñato – diciéndolo con una sonrisa que Drake creía era de burla, y lo era.

Drake mientras comía comenzó a escrutar con la mirada a aquel sujeto que “lo invito a comer”, era de una altura un poco mayor a la media, su piel era de un tono oliváceo, tenía unos ojos azul claro, llevaba una túnica gris oscuro, al cinto tenía una empuñadura de mano y media, fue la única arma que divisó, «termino de comer y salgo corriendo», eso fue lo que pensó, pero antes de terminar el bocado que tenía ya en la boca aquel sujeto extraño dijo – Espero que no pienses comer y huir, eso sería muy descortés de tu parte, por cierto tu estrategia de robar la comida de los que están peleando y recoger las monedas es . . . ingeniosa, pero no infalible, si hubiese sido así no tendríamos esta charla – Drake quedó estupefacto, no podía creer lo que oía, aquel extraño lo había visto infraganti, pero ¿Por qué no me delató? ¿Qué es lo que quiere de mí? Todos quieren alga a cambio, eso fue lo que dedujo Drake de la situación.
Oiga, ¿Qué es lo que busca con todo esto?, porque esto no lo hace de gratis, ¿o sí? – preguntó Drake al sujeto.
¿Qué es lo que quiero?, es una buena pregunta tendré que pensar un momento, mmm, pues lo que quiero es entrenarte.
¡¿Entrenarme?! Pero ¿Para qué?, ¿Por qué?
Niño, ¿Sabes qué es la magia?
Claro que se lo que es, no soy un idiota.
No he dicho que lo seas, pero a lo que iba, tú tienes mucho potencial para ser mago, lo supe cuando te toque, por eso quiero entrenarte, ¿Qué me dices, es una gran oportunidad para dejar esta vida que tienes? – Drake no podía creer lo que oía, era un mago, o por lo menos lo seria, lo único que pudo decir fue – ¡Claro!
Bien, te veo mañana a primera hora en la entrada norte de la ciudad, por cierto me llamo Albert Dartuk.