Capitulo
Dos
Por
supuesto que Drake no le creia al tal Albert Dartuk, era un completo desconocido y algo que había aprendido viviendo en las calles de
Laria es nunca confiar en alguien mayor que tu, pero algo no andaba
bien con todo esto, y ¿si decía la verdad? Si en verdad tenia
potencial mágico seria una la oportunidad mas grande de su vida,
pero como podría saber si en verdad era cierto, pasaron horas antes
de que Drake se le ocurriera como confirmar si tenia potencial mágico tendría que ir a ver a Becktor Sorn, el único sanador en el
que podía confiar Drake, Bector era un anciano simpático según muchos decían era un lunático pero a Drake le agradaba, si no
hubiese sido por el probablemente Drake habría muerto, Becktor fue
quien lo encontró recién nacido a las afueras de la ciudad, era el único adulto que le debía algo, la casa de Becktor estaba en la zona
media de Laria, básicamente la frontera entre los nobles y el resto
de la gente, Drake tendría que apresurarse antes de que los guardias
de la frontera interior hiciesen su ronda, cuando llego a la casa de
Becktor, ya debería ser la hora de los ladrones, sin duda una
excelente hora para conseguir algunas “donaciones”, pero hoy no,
tenia que saber si en verdad tendía cualidades mágicas Drake comenzó a tocar la puerta muy fuerte, pero de la misma forma que Becktor le
enseño que tocara si tenia alguna urgencia, tres toques después uno
y tres mas.
- ¡¡Ya
va!! ¡Dije que ya va! Cielos Drake, se puede saber ¿que te urge
tanto? Estaba a punto de echarme a dormir, mas te vale que sea
importante.
- Lo
es, Beck, lo es para mi, me dejas pasar o ya no soy bienvenido en tu
casa.
-¿Eh?
¡Oh!, claro pasa – Drake se sentó en una vieja silla de madera
en la sala de estar de Becktor – Y ¿cual es la urgencia? No te
veo mal herido ni nada.
-Es
una urgencia, Becktor – Drake inspiro hondo – ¿Porque nunca me dijiste que también puedo hacer magia? – Becktor estaba
paralizado, no podía ni hablar.
- ¿Quien...
Quien te dijo eso?
- Un
tipo raro que me sorprendió tratando de robarle su comida, al
parecer es mago, se llama Albert Dartuk.
Hacían años que Becktor no oía ese nombre, ¿cuanto habrá pasado, veinte
años, treinta? Aun así demasiados pocos, Becktor se dejo caer en un
mullido sillón de tela frente a la chimenea. Drake se quedo
estupefacto, por la reacción de Beck sin duda había dado en el clavo,
pero también se dio cuenta que le trajo malos recuerdos.
- Entonces...
Es cierto, soy mago, ¿Por que? ¿Porque nunca me dijiste nada?
- ¿Porque?
Buena pregunta, te podría contestar de mil maneras pero creo que
sera mejor que te diga la mas sencilla, para protegerte.
- ¡¿Para
protegerme?! ¡Ja! Si claro, y de que se supone que me protegías,
¿De no ser alguien? Baya estupidez la tuya.
- De
la magia, créeme Drake no hay nada mas peligroso que la magia, no
porque no sea buena, sino porque si abusas de ella, nadie te
salvara, es una gran tentación saber que puedes hacer casi cualquier
cosa, pero dime ¿Crees que puedes manejar lo?
- Claro...
que no puedo, ¿Como crees que me siento? Me mentiste, pudiste decírmelo, quiero decir eres mago también, un sanador, pero aun así un mago, podrías haberme enseñado, !no hubiese tenido que unirme a
la cofradía para vivir!
- Drake...
– Drake no dejo terminar a Becktor.
- No,
¡No digas mi nombre! Para ti estoy muerto, ¡Muerto!
Drake
salio corriendo a la oscuridad de la noche, con su cara cubierta con
lagrimas, no quería detenerse, solo correr y seguir corriendo.