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martes, 12 de marzo de 2013

Capitulo Cuatro - Trampa


Capitulo cuatro


Muy bien, comencemos con el llamado – dijo el maestro Albert – yo, Albert Dartuk, te invoco mi fiel compañero ven ¡Fenrir, Señor del Miedo! – mientras cada palabra salía de la boca del maestro Albert, alrededor suyo fe formaba una extraña y misteriosa neblina, logrando alcanzar dos metros de alto, cuando la misteriosa neblina se disipo al fin, volvió a aparecer el maestro Albert, pero no se encontraba solo, estaba junto a un gigantesco lobo, al ver al lobo Drake dio un brinco hacia atrás del susto y mientras retrocedía estudiaba a la bestia, media casi dos metros, su pelaje es de color blanco, sus ojos son grisáceos, tiene un cicatriz que va desde la base de su oreja derecha bajando hasta tres centímetros más o menos debajo su ojo, tenía contextura robusta, y sus diente, dios sí que estaban afilados, Drake llego a pensar que serían capases de partir un árbol fácilmente, el maestro Albert al percatarse de que Drake se asustó comenzó a reírse a carcajadas – Vaya chico, pensé que eras más valiente, tranquilo no te ara nada, siempre y cuando no hagas lo que te dije, ven, este es Fenrir, mi familiar – Drake, al oír lo que le dé dijo su maestro sintió pena por haber actuado así, pero quien no se asustaría si de la nada se le aparece una bestia de dos metros, ya habiendo recuperado la calma Drake se acercó cuidadosamente a Fenrir. – Oye Al, tal parece que tu nuevo discípulo es un gallina. 
– Claro que no lo es, solo se sorprendió por verte – le contesto el maestro Albert a Fenrir. 
– En ese caso lo entiendo, después de todo soy el Rey de todos los lobos, soy más que sorprendente.
Al oír a Fenrir, Drake se detuvo en seco y sus ojos estaban desorbitados, lo único en su mente era « ¡Hablo! », y de su boca solo salía un balbuceo al no poder articular ni una sola palabra, estaba realmente atónito – Vamos chaval, no te morderé, dime ¿Cuál es tu nombre? – Le pregunto Fenrir – Me llamo Drake – le contesta Drake tartamudeando, Fenrir no pudo evitar soltar una risotada – Eso solo es un mote para mí, ¿De quién eres hijo? – le devuelve Fenrir. 
– No lo sé... No lo sé Señor. – le contesto Drake, con un tono definitivamente nostálgico o melancólico, es difícil saberlo para alguien que no lo escucho, pero Fenrir si supo exactamente el sentimiento que infundían las palabras de Drake. 
– Entiendo muchacho, pero tus descendientes necesitaran saber de quién son hijos – le dijo Fenrir – Al, ¿De qué elemento es este chaval? – El mismo que el nuestro – el maestro Albert no puede evitar esbozar una pequeña sonrisa.
 – Ahora entiendo, parece ser que eres de los míos – Fenrir se queda en silencio un momento – ¡Eso es! Al, sí que eres idiota, se nota que no eres tan inteligente como crees, para la suerte de los dos yo soy más listo. Muy bien muchacho, ¿Quieres saber cómo serás llamado a partir de ahora? 
– ¡Sí! – le contesta Drake sumamente emocionado. – Pues como eres de los míos, ¿No es justo que llevemos el mismo linaje? – Fenrir, ¡no puedes hablar enserio! – Lo interrumpe Albert súbitamente – ¡Oh, claro que es enserio! Yo Fenrir Sombra Blanca, Señor del miedo, Rey de los lobos te nombro Drake Lupinus. 
– Drake… Lupinus – repitió Drake con sus ojos llenos de lágrimas, por más que lo intento no puro parar de llorar. – Vamos Drake – comienza a hablarle Fenrir – Se que debes estar feliz por tener un linaje ahora, de hecho se cómo te sientes, yo tampoco conocí a mi padres… Bueno ya he estado mucho tiempo, me voy marchando, y Al cuida bien del chaval. 
La misteriosa neblina en la que había aparecido Fenrir se había vuelto a formar, rodeándolo, y al disiparse, Fenrir ya no se encontraba, mientras Drake seguía llorando, el maestro Albert apagaba la fogata y preparaba el lugar donde dormiría – Drake, será mejor que duermas mañana saldremos a primera luz – le dice el maestro Albert – De acuerdo maestro – le contestó, Drake con la voz quebrada, dicho eso él y el maestro Albert se fueron a dormir.

Ya de mañana cuando habían levantado el campamento y retomado la caminata hacia el bosque Duttermak, y así continuaron otro día más, pero cuando solo faltaba cruzar una colina para llegar al bosque a Drake le pareció oír un grito distante. – Maestro, me pareció haber escuchado algo – le dijo inmediatamente – parecía ser el grito de una chica. – 
A mí también me pareció haberlo escuchado – le contesto – y si es una dama en peligro tal vez me gane sus favores – murmuro. 
– ¿Qué son favores, maestro? 
– Algo que descubrirás a su tiempo, pero es algo muy bueno creme – le dice dándole una palmada en la espalda y riendo – pero será mejor que vayamos a ver que es.
Dicho eso ambos tomaron rumbo a donde creían que procedían los gritos, cuando llegaron a un pequeño zarzal el maestro Albert paro en seco. – Tal parece que si es algo serio, mira – se lo comunico a Drake señalando a una chica más o menos de la edad de Drake, la niña tenía el cabello negro azabache, y llevaba unas prendas similares a las del maestro Albert, un pantalón negro, una capa negra, lo único diferente es q llevaba una camisa más femenina pero del mismo estilo, el maestro Albert al contemplar mejor a la niña soltó una maldición, rápidamente saco una espada pequeña de su alforja y se la entregó a Drake, también desenvaino la suya – Escucha Drake y escucha bien, iré a ayudar a la niña, tu quédate aquí y no te muevas, ten cuidado puede haber más orcos – acabando de decir eso el maestro Albert se dirigió hacia el orco para salvar a la niña, camino sigilosamente procurando de que el orco no notara su presencia, los orcos tienen un excelente sentido del oído, estando a unos metros del orco el maestro Albert siente un líquido recorrer por su pierna, una flecha se la había atravesado, el maestro Albert se desploma en el suelo, era una trampa.




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